Qué va a valorar la gente en un mundo donde todo es suficientemente bueno

Ayer tuve la oportunidad, gracias a Njambre, de escuchar a Andrei Vazhnov hablar sobre tecnología de impresión 3D o mejor dicho manufactura aditiva. También pude ver y tocar lo que hace posible Trimaker, una impresora 3D desarrollada en Argentina y con muy buenas perspectivas a nivel mundial.

Andrei dió una charla en TEDxRíodelaPlata, y es autor del libro “Impresion 3D: Como va a cambiar el mundo” que pueden comprar en Amazon

“El impacto de esta tecnología consiste en que nos abre la puerta por la que las cosas físicas se vuelven digitales y cuando esto pase, nuestro mundo va a cambiar para siempre.”

Esta tecnología permitirá personalizar mucho más los productos que compramos y evitar tener que conformarnos con los talles standar, por ejemplo.

“Cuando la variedad está limitada por tecnología, no hay otra opción que tratar de diseñar un producto para el gusto genérico y tratar a caerle bien a millones de consumidores sin poder satisfacer realmente a ninguno.”

Muchas industrias van a cambiar radicalmente con esta nueva forma de hacer las cosas, literalmente.

Muchas otras oportunidades y profesiones se desarrollarán en torno a estas nuevas posibilidades y se abre un interrogante más que interesante para pensar:

¿Qué va a valorar la gente en un mundo donde todo es suficientemente bueno? ¿Cómo destacarías tus productos de un sinfín de otros de la misma calidad?

Anuncios

172 días

172 días pasaron entre el 11/06/13 y el 30/10/13.

Ahora parecen pocos, sin embargo al transitarlos parecieron una eternidad.

En apenas 172 días, mi viejo pasó de un dolor de espalda a irse de este mundo. No fue un camino sencillo. No hay caminos sencillos en este aspecto.

Hacía pocos días me había desvinculado de la empresa donde trabajaba, así que tuve el tiempo que él y mi familia necesitaban. Pude estar ahí.

Me di cuenta entonces que el camino que había transitando durante años era el equivocado. El camino correcto es el que te mantiene cerca de tu familia, tus amigos, tus afectos… esas cosas que no podés comprar aunque trabajes 24hs por día, porque no se pueden comprar.

Me resultó mucho mas sencillo entender el concepto de “andar liviano”. También dejé de preocuparme por cosas que antes me quitaban el sueño.

Sobre el final, estuvimos muy cerca. Hablamos, discutimos y compartimos muchas cosas.

Pero lo más importante es que siento que junto a Robert (mi hermano) pudimos hacerle honor a una frase que siempre nos repetía: “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera”…

Estos eventos te paran en seco y te hacen preguntarte muchas cosas. Creo que algunas de las respuestas están en el video.

Antes de morir quiero…

El problema no es tener dinero, sino tenerlo sin poseer valores

“Uno no debe definirse a si mismo por la riqueza que tiene, porque si éste fuera el caso, se tenderá a valorar a las personas por el auto o la casa que poseen o por el lugar donde veranean. Lo que lleva a razonar que cuanto más dinero se tiene, más se vale y a la inversa.

Los padres que piensan de esta manera, les generan confusiones terribles a sus hijos, quienes a la larga no puede determinar su valor como personas más allá de su riqueza y menos sentirse satisfechos por lo que logren con esfuerzo. Si creen que valen por el dinero, será natural para ellos trabajar sólo para ganar más. De esta manera se transformarán en adultos adictos al trabajo y a los gastos excesivos destinados a impresionar a los otros.

Para que esto no ocurra, se les debe enseñar que el dinero es sólo una herramienta y no un fin en si mismo.”

Los enemigos del hombre de conocimiento

 Del libro “Las enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda

Domingo, 15 de abril, 1962

Cuando me disponía a partir, decidí preguntarle una vez más por los enemigos de un hombre de conocimiento. Aduje que no podría regresar en algún tiempo y sería buena idea escribir lo que él dijese y meditar en ello mientras estaba fuera.
Titubeó un rato, pero luego comenzó a hablar. -Cuando un hombre empieza a aprender, nunca sabe lo que va a encontrar. Su propósito es deficiente; su intención es vaga. Espera recompensas que nunca llegarán, pues no sabe nada de los trabajos que cuesta aprender.

“Pero uno aprende así, poquito a poquito al comienzo, luego más y más. Y sus pensamientos se dan de topetazos y se hunden en la nada, Lo que se aprende no es nunca lo que uno creía. Y así se comienza a tener miedo. El conocimiento no es nunca lo que uno se espera. Cada paso del aprendizaje es un atolladero, y el miedo que el hombre experimenta empieza a crecer sin misericordia, sin ceder. Su propósito se convierte en un campo de batalla.

“Y así ha tropezado con el primero de sus enemigos naturales: ¡el miedo! Un enemigo terrible: traicionero y enredado como los cardos. Se queda oculto en cada recodo del camino, acechando, esperando. Y si el hombre, aterrado en su presencia, echa a correr, su enemigo habrá puesto fin a su búsqueda.”
-¿Qué le pasa al hombre si corre por miedo?
-Nada le pasa, sólo que jamás aprenderá. Nunca llegará a ser hombre de conocimiento. Llegará a ser un maleante, o un cobarde cualquiera, un hombre inofensivo, asustado; de cualquier modo, será un hombre vencido. Su primer enemigo habrá puesto fin a sus ansias.
-¿Y qué puede hacer para superar el miedo? -La respuesta es muy sencilla. No debe correr. Debe desafiar a su miedo, y pese a él debe dar el siguiente paso en su aprendizaje, y el siguiente y el siguiente. Debe estar lleno de miedo, pero no debe detenerse. ¡Esa es la regla ! Y llega un momento en que su primer enemigo se retira. El hombre empieza a sentirse seguro de sí. Su propósito se fortalece. Aprender no es ya una tarea aterradora. “Cuando llega ese momento gozoso, el hombre puede decir sin duda que ha vencido a su primer enemigo natural.” – Ocurre de golpe, don Juan, o poco a poco? -Ocurre poco a poco, y sin embargo el miedo se con- quista rápido y de repente. -¿Pero no volverá el hombre a tener miedo si algo nuevo le pasa?

-No. Una vez que un hombre ha conquistado el miedo, está libre de él por el resto de su vida, porque a cambio del miedo ha adquirido la claridad: una claridad de mente que borra el miedo. Para entonces un hombre conoce sus deseos; sabe cómo satisfacer esos deseos. Puede prever los nuevos pasos del aprendizaje, y una claridad nítida lo rodea todo. El hombre siente que nada está oculto, “Y así ha encontrado a su segundo enemigo: ¡la claridad! Esa claridad de mente, tan difícil de obtener, dispersa el miedo, pero también ciega. “Fuerza al hombre a no dudar nunca de sí. Le da la seguridad de que puede hacer cuanto se le antoje, porque todo lo que ve lo ve con claridad. Y tiene valor porque tiene claridad, y no se detiene en nada porque tiene claridad. Pero todo eso es un error; es como si viera algo claro pero incompleto. Si el hombre se rinde a esa ilusión de poder, ha sucumbido a su segundo enemigo y será torpe para aprender. Se apurará cuando debía ser paciente, o será paciente cuando debería apurarse. Y tonteará con el aprendizaje, hasta que termine incapaz de aprender nada más.

-¿Qué pasa con un hombre derrotado en esa forma, don Juan? ¿Muere en consecuencia?
-No, no muere. Su segundo enemigo nomás ha parado en seco sus intentos de hacerse hombre de conocimiento; en vez de eso, el hombre puede volverse un guerrero impetuoso o un payaso. Pero la claridad que tan caro ha pagado no volverá a transformarse en oscuridad y miedo, Será claro mientras viva, pero ya no aprenderá ni ansiará nada.
-Pero ¿qué tiene que hacer para evitar la derrota? -Debe hacer lo que hizo con el miedo: debe desafiar .
su claridad y usarla sólo para ver, y esperar con paciencia y medir con tiento antes de dar otros pasos; debe pensar, sobre todo, que su claridad es casi un error. Y vendrá un momento en que comprenda que su claridad era sólo un punto delante de sus ojos. Y así habrá vencido a su segundo enemigo, y llegará a una posición donde nada puede ya dañarlo. Esto no será un error ni tampoco una ilusión. No será solamente un punto delante de sus ojos. Ese será el verdadero poder.

“Sabrá entonces que el poder tanto tiempo perseguido es suyo por fin. Puede hacer con él lo que se le antoje. Su aliado está a sus órdenes. Su deseo es la regla. Ve claro y parejo todo cuanto hay alrededor. Pero también ha tropezado con su tercer enemigo: ¡el poder!
“El poder es el más fuerte de todos los enemigos. Y naturalmente, lo más fácil es rendirse; después de todo, el hombre es de veras invencible. El manda; empieza tomando riesgos calculados y termina haciendo reglas, porque es el amo del poder.
“Un hombre en esta etapa apenas advierte que su tercer enemigo se cierne sobre él. Y de pronto, sin saber, habrá sin duda perdido la batalla. Su enemigo lo habrá transformado en un hombre cruel, caprichoso ”
-¿Perderá su poder?
-No, nunca perderá su claridad ni su poder. -¿Entonces qué lo distinguirá de un hombre de conocimiento?
-Un hombre vencido por el poder muere sin saber realmente cómo manejarlo. El poder es sólo un carga sobre su destino. Un hombre así no tiene dominio de sí mismo, ni puede decir cómo ni cuándo usar su poder.

-La derrota a manos de cualquiera de estos enemigos es definitiva?
-Claro que es definitiva. Cuando uno de estos enemigos vence a un hombre, no hay nada que hacer.
-¿Es posible, por ejemplo, que el hombre vencido por el poder vea su error y se corrija?
-No. Una vez que un hombre se rinde, está acabado. -¿Pero si el poder lo ciega temporalmente y luego él lo rechaza?
-Eso quiere decir que la batalla sigue. Quiere decir que todavía está tratando de volverse hombre de conocimiento. Un hombre está vencido sólo cuando ya no hace la lucha se abandona.
-Pero entonces, don Juan, es posible que un hombre se abandone al miedo durante años, pero finalmente lo conquiste.
-No, eso no es cierto. Si se rinde al miedo nunca lo conquistará, porque se asustará de aprender y no volverá a hacer la prueba. Pero si trata de aprender durante años, en medio de su miedo, terminará conquistándolo porque nunca se habrá abandonado a él en realidad.
-¿Cómo puede vencer a su tercer enemigo, don Juan? -Tiene que desafiarlo, con toda intención. Tiene que llegar a darse cuenta de que el poder que aparentemente

ha conquistado no es nunca suyo en verdad. Debe tenerse a raya a todas horas, manejando con tiento y con fe todo lo que ha aprendido. Si puede ver que, sin control sobre si mismo, la claridad y el poder son peores que los errores, llegará a un punto en el que todo se domina. Entonces sabrá cómo y cuándo usar su poder. Y así habrá vencido a su tercer enemigo.

“El hombre estará, para entonces, al fin de su travesía por el camino del conocimiento, y casi sin advertencia tro-pezará con su último enemigo: ¡ la vejez! Este enemigo es el más cruel de todos, el único al que no se puede vencer por completo; el enemigo al que solamente podrá ahuyen-tar por un instante.
“Este es el tiempo en que un hombre ya no tiene miedos, ya no tiene claridad impaciente; un tiempo en que todo su poder está bajo control, pero también el tiempo en el que siente un deseo constante de descansar. Si se rinde por entero a su deseo de acostarse y olvidar, si se arrulla en la fatiga, habrá perdido el último asalto, y su enemigo lo reducirá a una débil criatura vieja. Su deseo de retirarse vencerá toda su claridad, su poder y su conocimiento.
“Pero si el hombre se sacude el cansancio y vive su destino hasta el final, puede entonces ser llamado hombre de conocimiento, aunque sea tan sólo por esos momentitos en que logra ahuyentar al último enemigo, el enemigo invencible. Esos momentos de claridad, poder y conocimiento son suficientes.”

10 consejos para estas fiestas

Una de las típicas cenas apasionantes que ofrecen las celebraciones de diciembre. Las Fiestas de Fin de Año son, como su nombre no lo indica, un parto. Pero no se pueden evitar, así que la única que queda es tratar de que los daños y emboles sean mínimos. Por eso, les dejo una práctica guía de diez consejos útiles para Navidad y Año Nuevo.

 

1. Las personas nacen buenas, los parientes no. Grábese esta máxima en su cabeza, y si es posible escríbala con aerosol negro en el muro del fondo de su casa. Por eso, cuando esté organizando la cena de Nochebuena o Año Nuevo en su casa, ante los llamados de sus familiares preguntando “che, ¿qué llevamos?”, no responda irresponsablemente diciendo “¡pero nada, che, cualquier pavadita si acá nos arreglamos!”.

 

No, no cometa esa extrema pelotudez, porque es totalmente iluso de su parte pensar que su cuñada lo va a sorprender llegando esa noche con cuatro kilos de ensalada rusa, o que su hermano aportará una colección de tortas heladas para el postre.

 

Para nada. En lugar de todo eso, ella llegará con un cuarto kilo de pan y una Coca light “para mí nomás, porque con la dieta no puedo tomar otra cosa”, y él se hará el canchero con un pollo achicharrado y más pequeño que un colibrí, adquirido en una parrilla pedorra camino a la reunión. Y usted, como un boludo, tendrá que descongelar costillas y lechones que estaban pensados para el cumpleaños del nene.

 

2. Si lo invitan, no trate de quedar como el educado de la noche. La cuestión es simple, es usted o ellos. Si finalmente tiene la fortuna de zafar y evitar que la cena se haga en su casa, cague a sus parientes anfitriones del mismo modo en que ellos lo cagaron antes o lo cagarán en el futuro, según lo indicado en el punto 1.

 

No sea imbécil, no se queme la mitad del aguinaldo en “quedar bien”. Si aparece con un cabrito entero al horno, cinco variedades de ensaladas y tres cajones de sidras y vinos, más un delicado combo de pandulces y budines, no dirán de usted cosas del tipo “qué buena gente que es Tito”, sino que habrá a sus espaldas comentarios de la línea “cómo se nota que anda robando este hijo de puta”, “mirá cómo nos trata de tapes y angurrientos el forro de mierda” o “este se cree que porque trae comida va a ser menos guampudo”.

 

3. No trate de caerles simpáticos a los chicos. No importa que usted tenga poca confianza con la o las familias con las que va a pasar la noche, de ningún modo se sienta en el compromiso de caerles bien a los niños de esa gente. Los chicos, en las Fiestas, se pelotudizan a niveles de saturación, y a la vez adquieren una formidable capacidad de detectar al boludo de la noche.

 

Si huelen que es usted (porque al llegar se río bonachonamente cuando el primer pendejo le dijo “gordo pelado”, o alguna resignación similar a su soberanía), estese listo para que el resto de la noche le tiren cucarachas del agua -sacadas de la Pelopincho- entre la nuca y la camisa; le enciendan cohetes entre la silla y el culo, e hijaputeces por el estilo.

 

Un hermoso tongo aplicado al salir del baño, por ejemplo cuando uno de los mocosos se le cruza en el pasillo y le hace una broma sobre su camisa floreada, frena cualquier desgracia a tiempo.

 

4. Con el alcohol usted se siente más gracioso, pero no es más gracioso. Al comienzo de la noche, usted, ante comentarios que cruzan sobre la mesa en torno de distintos temas, tiene ocurrencias espontáneas, chistecitos inmediatos que sin embargo calla, porque sabe que decirlos lo dejan como un reverendo salame.

 

Pero con el correr de las copas, usted irá creyendo que no, que no es tan así, y que su cantera mental es aguda, a veces hasta brillante. Entonces, a pesar de los codazos de su mujer, usted irá desbarrancándose con el cuento verde sobre el cura misionero y el camello, la penosa anécdota del día en que su esposa (que se querrá hundir en la silla) se rajó un pedo estruendoso mientras el kinesiólogo le revisaba la rodilla, y su patética imitación de un gay para pedir que le pasen las mandiocas hervidas.

 

Cállese o váyase, pero no arruine su frágil reputación familiar.

 

5. Ningún alimento, ni siquiera los de las Fiestas, se puede reciclar durante dos semanas. Se entiende que habiéndose gastado en la cena de mierda la guita del videocable y la del viajecito a Empedrado, usted al día siguiente rejunte para el mediodía los restos de asado, algunos pedazos de lechón, trozos de pan y lo que quedó de las ensaladas, para el almuerzo, que generalmente vuelve a ser masivo.

 

Incluso, se tolera que en la noche del día siguiente todavía arme “una picadita” con lo que quedó del mediodía. Pero seguir, una semana o diez después, inventando menúes con esos despojos, es de mal gusto e incluso riesgoso en términos bromatológicos. Y además, quién puta le dijo que existe la paella con pedazos de vacío o las empanadas de lengua a la vinagreta con trozos de galleta.

 

6. Usted no-le-gus-ta-a-su-prima. Otra distorsión generada por los brindis, que comienzan siendo por postulados nobles (“por muchos años más juntos”, “por la familia”, “por la paz para todos” y terminan en cualquier cosa (“para que la Yoli pierda el embarazo o el novio se haga cargo”, “para que el canal Venus deje de ser codificado”.

 

Con las neuronas nadando entre mares de tinto y de sidra La Farruca, el emotivo de la reunión, que se pasó la noche recordando con largos discursos a todos los muertos de la familia, aprovecha un encuentro furtivo en la vereda con su prima de Neuquén para apretarla y comerle la boca de prepo luego de decirle “yo sé que vó también estaba caliente por mí cuando éramo chico”.

 

Y no, nada que ver, así que ella le calza un flor de rodillazo en las bolas, vuelve al patio, le cuenta a su marido lo que pasó y los dos lo miran con odio toda la noche. De yapa, antes de volver a su provincia, contarán a todos lo sucedido, y usted ya nunca se sacará la etiqueta de ser el sátiro del árbol genealógico.

 

7. A nadie le importa por qué lo echaron a Suárez de su laburo. Un pantano en el que suelen morir las últimas buenas intenciones de una cena de diciembre es el que crean aquellos que toman el control de la conversación familiar para inundarla de puros datos y relatos relacionados con su trabajo.

 

Cuentan en detalle la cuatro horas que demoraron en hallar una diferencia de caja, cómo son los escritorios de la oficina (descripción que incluye dibujo de planos en servilletas), o los antecedentes del despido de Suárez, historia que arranca diciendo que “todo empezó en 1986, cuando resulta que va Suárez y le dice al jefe de Personal…”

 

8. Todos sabemos que el año pasó volando, no hace falta que ningún boludo lo diga. Pero así y todo lo van a decir, y encima casi seguro serás vos.

 

9. Los chicos ya no aceptan regalos que cuestan poco. Es inútil, no te gastes. Los pibes de hoy, a la hora de esperar a Papá Noel, sólo quieren una Play Station o una computadora. Es al pedo que busques hacer bulto con camioncitos, pelotas, juegos de ping pong o posters de Harry Potter. Lo mejor, siempre, es agarrar a los pendejos, sentarlos en el living al día siguiente de que cumplan los 4 años, y decirles de una que Papá Noel son los padres.

 

10. No mandes decenas de SMS. Un error muy común: gastarse guita en mandar decenas y hasta cientos de mensajes de texto a personas a las que les importa un pomo recibirlos de tu parte. Dejate de joder, ahorrá guita, y mandá SMS sólo a las cuatro o cinco personas que de verdad se van a alegrar de ver tu nombre en el buzón de entrada. Ah, y ojo: nada de esos textos reboludos pretendidamente sentimentaloides, que en alguna parte dicen “en esta fecha tan especial” o “que la estrella de Belén guíe tus pasos”. ¡No, no y nooo!

La provocadora desigualdad

Es común considerar a la pobreza y la marginalidad como provocadoras de la violencia, y sin duda lo son; sin embargo, está demostrado que la principal promoto­ra es la carencia de perspectivas de superación de los individuos, así como la frustración reiterada de sus expectativas de mejoramiento socioeconómico. El profe­sor Ricardo Alvarez me contó lo siguiente: “Recuerdo, hace unos años, la indignación de una empleada domés­tica semianalfabeta al escuchar el comentario de un periodista televisivo que justificaba a unos delincuentes por su situación socioeconómica. Enojadísima me dijo: ‘Yo también vivo una villa, pero no robo. Y a mis hijos los eduqué para que sean honestos. Y ninguno me salió torcido. Todos trabajan, aunque sea haciendo changuitas. A veces no consiguen trabajo. ¡Y bueno, entonces nos arreglamos como podemos! ¿Qué quiere decir ese señor que habla por la tele? ¿Qué todo los pobres somos ladrones? ¿O que deberíamos serlo?’. Tenía razón”.

Justamente no es en las zonas más pobres del país donde hay más delitos, como puede comprobarse en lugares relativamente vírgenes del adoctrinamiento consumista como algunas poblaciones del interior de nuestro Noroeste. Las cifras más elevadas se dan donde existe mayor desigualdad y contraste entre la riqueza de unos pocos y las estrecheces de muchos.

La razón de fondo es la compulsión por tener, como sinónimo de “ser alguien”, que puede llevar a quienes sufren un daño por ejemplo en su automóvil a una reacción desmedida. Es que ese preciado objeto, que constituye una de las máximas aspiraciones en la vida y al que hay que llegar por la vía que fuese —legal o ilegal—, es mucho más que un objeto: su carrocería se confunde con el cuerpo de su dueño.

En el capitalismo exacerbado en que vivimos, la inseguridad provoca aislamiento y desconfianza en el prójimo, quien es vivido como un competidor, eventualmente un enemigo. A la vez, es notorio el deterio­ro de mecanismos de socialización contenedores que hasta no hace mucho eran importantes, como la escue­la, las entidades religiosas o los clubes de barrio.

La sociedad de los miedos.

Pacho O’Donnell